Dominación, nuestra arma.

Este mundo está enfermo. Y está enfermo porque dentro de su naturaleza se creó una especie: la humana. Y en algún punto cercano a la actualidad (probablemente allá por la revolución industrial), pasó de ser simbiótica con su propio medio a ser altamente parasitaria.

Nuestra especie fue dotada de un cerebro con unas capacidades tan inmensas que, irónicamente, no permite que la mayoría de miembros de la misma sea capaz de imaginar o directamente subestima el inmenso potencial que tiene. O tal vez ni siquiera se haya parado a pensar en ello debido a la propia inmensidad y variedad de estímulos procesables por el mismo.

Es como si nada más que por nacer nos fuese asignado un arma de máximo alcance y versatilidad para enfrentarnos a las potenciales amenazas que el propio mundo ha creado de la misma espontánea y no tan azarosa manera (y aquí ya cada uno puede considerarse afortunado o puede simplemente no considerarse nada por el hecho de nacer, si tiene más o menos en cuenta o el factor azaroso de la vida-.

El ser humano es el principal depredador de su mundo consciente. Domina de manera instintiva y natural a absolutamente todo animal que conoce y que ha podido estudiar. Es, por tanto, mediante los datos individuales, que constituyen la información, con lo que consigue combatir y situarse por encima de cualquier otro animal en los medios en los que no son particularmente desfavorables.

Cuanto más datos se obtenga, más completa y potente será una parte vital de nuestra arma. Cuanto más se haya estudiado el medio en el que se rodea o se va a rodear, más potencial depredador se tendrá sobre este. Entonces deducimos que mediante el estudio detallado práctico (perspicacia) y teórico (dedicación) del medio en el que vamos a vivir, explorar o simplemente atravesar brevemente, conseguimos dominar y por lo tanto sobrevivir en él.

Cuanto más rápido recoges datos del ambiente más rápido generas información, tejida por una red de sastrería natural perfecta. Si además de rapidez sabes qué datos o qué hilos, lana… etc. son útiles y cuales no sirven o pueden joder tu bonito jersey que simboliza tu información útil, o tu munición si es para defenderte o atacar a otros recolectores de datos, más ventaja obtendrás respecto a otros posibles predadores. Si el estudio se realiza primero téoricamente de manera tranquila se asegura la productividad del mismo, y la posible depredación o defensa predatoria será considerablemente mayor que si hay estímulos distrayentes o estresantes de cualquier tipo durante el proceso de estudio.

No regales más datos personales -los más valiosos- de los necesarios a tu entorno. Estás regalando munición a potenciales depredadores. Las redes sociales son armerías y tu cabeza inocente tiene forma de patio de instituto americano colega, y a veces incluso siendo consciente las canastas del propio patio del instituto te tapan los ojos y no ves ni el puto instituto americano ni al puto Dylan viniendo a ametrallarte.

Como especie, sobrevivimos dominando absolutamente todo lo que conocemos. Y “Dominar” no significa necesariamente hostilidad, aunque sea una palabra que induzca a pensar en ello, sino tener la capacidad de saber cuándo no hay que serlo o cuándo directamente hay que estar lejos de lo dominado -y esto último es jodidamente importante-.

Los individuos que dominan (predadores) dentro de nuestra “yadeporsí dominante” especie, conocen tremendamente bien esto de saber cuándo actuar, no actuar, o en general, regular la intensidad de actuación según el momento.

Sí, existe por desgracia una pirámide de depredación dentro de nuestra propia especie donde prácticamente desaparece la vulnerabilidad física tan inmensa que sí que hay con el resto de especies, y por tanto la lucha principal con la presa u otros predadores o superpredadores es esencialmente mental y no física.

Resumiendo: el ser humano precisa de recolectar datos como munición para su principal arma que le ha sido asignada de manera natural como especie, su cerebro, que permite la dominación absoluta de su medio conocido. De manera natural, se usará este arma como mecanismo de supervivencia.

En primera instancia, el objetivo será exclusivamente sobrevivir, pero una vez que el humano asegura su supervivencia, al ser un superpredador en los ambientes no desfavorables, establece pronto una zona segura o de comfort -cómo le gusta a los hippies este término-, deja de recolectar datos del entorno puesto que ya no son necesarios, y por tanto deja de verlos en el ambiente debido a que a su cerebro ya no le interesan. Es por tanto que empezamos a ignorar las cosas que se salen de nuestra más estricta rutina.

¿Qué ocurre? que nuestra arma empieza a oxidarse – o dicho de otra manera: se aburre-. Y nuestra arma es una de las más potencialmente tóxica de todas porque, ¿sabéis lo que hace? busca autodesoxidarse automáticamente. Busca estímulos. Busca datos nuevos, información nueva. Busca munición para poder ser usada de nuevo y para no caer así en el más absoluto y pozoñoso estado oxidativo – la apatía y el vacío-. Y cuando los medios externos dejan de darnos datos e información nueva, nuestro cerebro entra en estado de necesidad. Si no encuentra nada hará lo imposible por encontrarlo. Es en esta búsqueda donde radica su potencial toxicidad.

Búscate un hobby que no joda a nadie, hijo puta. No podemos evitar ser tóxicos en algún momento de nuestra vida, recuerda que nos han dotado de una arma dicotómica del copón, que así como es potencialmente tóxica también lo puede ser productivamente.

Ya que no siempre se puede no ser tóxico, haz por no serlo. Sé productivo, y empieza por ti mismo y trabaja un poquito lo de tu ego, que a nadie le importa.

Comparte arte:
RSS
Subscribirse vía e-mail
Twitter
Visit Us
Follow Me
Instagram

1 comentario en “Dominación, nuestra arma.”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.